¿Funciona tu dieta?

¿Funciona tu dieta?

Cuando nos proponemos metas y emprendemos cambios en nuestras vidas, todas las personas necesitamos pruebas concretas de que aquello que hacemos nos acerca a nuestro objetivo. Y es que sin estas “señales” externas nos costaría mucho mantener la motivación y seguir manteniendo los cambios empezados. De alguna manera, necesitamos ciertos elementos de control en los que podamos confiar para ver qué resultados estamos teniendo.

Báscula de peso dibujada de flaticon.com
Icono de Vignesh Oviyan

A la hora de hacer cambios en nuestra alimentación también es lógico buscar estos elementos que nos permitan comprobar si nuestros resultados son buenos o no. Para muchas personas, la báscula sigue siendo, por excelencia, la única manera que tenemos de demostrar si nuestro plan de alimentación es el correcto. La báscula se ha convertido en esa máquina todopoderosa que nos premia o nos castiga a su antojo y que tiene vía libre para influirnos en nuestras emociones, en nuestros objetivos y en definitiva, en nuestras vidas. ¿Ha sonado muy exagerado? Quizás sí, pero después de tantos años pasando consulta, he podido comprobar el poder que tiene la báscula sobre las personas y lo dependientes que somos de ella. 

¿Por qué no deberías fiarte de la báscula siempre?

No vamos a decir que la báscula no sirve de nada. Todos los nutricionistas tenemos una en nuestra consulta y la usamos en nuestras visitas, es decir, que tiene cierta utilidad para ver los cambios conseguidos. No obstante, debes aprender a usarla correctamente y saber que en muchas ocasiones el resultado que veas no refleja exactamente tus progresos. ¿Por qué?

  • La báscula mide lo que pesas pero no lo que te pesa. Es decir, la báscula nos da un número pero no nos dice qué parte de ese número corresponde a la masa muscular o la masa grasa. La masa muscular es más pesada que la masa grasa debido a que contiene más cantidad de agua. Si haces ejercicio y estás trabajando a nivel muscular, simplemente puede que peses algo más.
  • La báscula no sabe cómo estás. ¿Has estado enferma, tomando medicamentos? ¿Estás pasando una racha de mucho estrés y nerviosismo? ¿Estás durmiendo poco y mal? ¿Estás en medio de tu ciclo menstrual? Todas estas situaciones nos afectan a nivel hormonal provocando distintas respuestas en nuestro cuerpo. Normalmente te harán retener algo más de líquidos o pueden alterar momentáneamente tu metabolismo. En estos momentos, subirse a la báscula puede ser contraproducente.
  • La báscula no sabe cómo consigues tus progresos. Quizás tu relación con la báscula sea genial. Cada vez que te subes a ella el peso es menor. No hay altibajos. Te acercas a tu objetivo rápidamente y sin sobresaltos. Esta es la situación ideal para muchas personas pero ¿seguro que es lo estás haciendo de una forma correcta? Esta bajada de peso, ¿es el resultado de unos hábitos alimentarios adecuados, que vas a poder mantener en el tiempo y que no ponen en riesgo tu salud? Si no es así, pesarte no te está ayudando en absoluto y te aconsejo que dejes este camino ahora.

Realmente cuando queremos hacer cambios en nuestra alimentación, hay que tener en cuenta que debemos cambiar algunos hábitos y que eso puede llevarnos más o menos tiempo hasta que podamos ver los resultados esperados. Por este motivo, quizás la báscula no sea la herramienta más adecuada para ver si llegan los efectos deseados. Por suerte, hay más señales que pueden indicarte vas por el buen camino.

Signos de que tu plan nutricional está funcionando!

  • Te sientes con energía y buen humor.

Un plan nutricional adecuado proporciona los nutrientes adecuados y esto se traduce en que nuestro cuerpo puede llevar a cabo las funciones diarias sin problemas. Si te notas con esta fuerza y vitalidad, vas bien. Esta es una señal que muchas personas agradecen, sobre todo cuando han hecho dietas muy restrictivas en las que han pasado hambre y han notado mareos o flaqueza. Una buena alimentación no te agota, te fortalece.

  • Tu ropa va algo más ligera.

A veces, los cambios son sutiles pero no por ello dejan de ser importantes. Quizás la báscula te diga que no has bajado mucho peso pero tú sientes la ropa más holgada o estás recuperando algunas prendas que te habían dejado de ir bien. Esto quiere decir que pierdes volumen y este es un buen indicador de que estás reduciendo masa grasa.

  • Estás notando mejoras físicas.

Quizás piensas que no tenga nada que ver, pero desde que te estás cuidando sientes menos dolor en la espalda, piernas o rodillasO tus digestiones han mejorado, ya no te sientes pesado, hinchado o tienes menos dolores de estómago… Puede que tu piel esté mejor. Notes tus uñas y pelo más fuertes… Todo esto no son casualidades. Todo esto son signos claros de que lo que comes está siendo adecuado para ti y tu salud.

  • Tus entrenamientos van cada vez mejor.

¿Estás consiguiendo mejores resultados? ¿Aguantas más tiempo o vas más rápido? Está claro que el plan de entrenamiento es importantísimo, pero sin una buena alimentación, muchas de estas mejoras no llegan a verse simplemente porque el cuerpo no puede hacer más. Además, ¿tu aspecto también ha cambiado? ¿Te ves más “en forma” o “atlética”? Todo ello son pruebas de que está habiendo una transformación.

  • No parece que estés “a dieta”.

Este es para mí el punto más importante. Si en lugar de estar siguiendo unas pautas rígidas obligatorias, estás aprendiendo a comer mejor. Si en lugar de cambiar todas tus rutinas para seguir la dieta, estás adaptando la alimentación a tus necesidades. Si no solo eres tú la que hace el “sacrificio” si no que transmites los cambios al resto de la familia y todos os beneficiáis de estas mejoras, esto es la mejor señal de que tu alimentación es adecuada y sostenible en el tiempo. Esto también tiene un impacto a nivel mental/emocional haciendo que sientas más seguridad, más confianza y más positividad acerca de tus logros.

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